La virtualidad, un desamor de la docencia amigoniana

Por: Isabella Blanco Restrepo, Keisy López Correa y Valentina López Ramírez

Tras dos años de confinamientos y restricciones debido a la pandemia, está claro que para los estudiantes de la Universidad Católica Luis Amigó la transición de la presencialidad a la virtualidad no fue nada fácil, pero, ¿cómo le fue a los docentes?

Al volver, el panorama de lo que fue este acontecimiento tomó nuevas caras, y se empezó a cuestionar cómo se vivió la experiencia desde el punto de vista de quienes acompañan de cerca nuestros procesos académicos. Durante la virtualidad, los docentes siempre estuvieron presentes y se ingeniaron la manera de educar a través de una pantalla, y poco a poco se fueron adaptando hasta el punto de convertir sus clases en un espacio casi tan ameno como lo eran dentro del aula. 

Sin embargo, nunca se conoció qué había más allá de las clases. La misma situación de incertidumbre provocó en los estudiantes una latente indiferencia hacia la situación de los docentes, dejando de lado las preocupaciones que estos tenían al preparar una clase, los esfuerzos extra que tuvieron que hacer, la afectación emocional que este cambio generó dentro de su rol como docentes y en general, se olvidó por completo el hecho de que la pandemia ocasionó sacudidas para todos.  

Al regresar a la presencialidad, tres docentes de Comunicación Social, nos cuentan su experiencia:

JORGE ROJAS, comunicador social egresado de la Universidad Pontificia Bolivariana, con maestría en Comunicación Audiovisual. De sus 53 años, lleva 27 ejerciendo en la docencia y en la actualidad es docente de la Facultad de Comunicación, Publicidad y Diseño, en Luis Amigó.

El profesor Jorge Rojas, quien define a su profesión como acompañar sueños e inició ejerciendo su rol como docente “de una manera muy particular”, expresó que, en su experiencia personal, dar clases por medio de la virtualidad fue una situación angustiante y traumática.

Sin embargo, dentro de tanta incertidumbre al no tener las herramientas tecnológicas necesarias para dictar correctamente una clase práctica, también hubo espacio para sucesos reconfortantes. Los estudiantes le brindaron apoyo respecto al manejo de herramientas que para él eran desconocidas, e incluso uno de ellos le enseñó cómo manejar una plataforma virtual para facilitar los trabajos específicamente de la clase de Lenguaje de Cine y TV.

A pesar de preferir la presencialidad, Jorge aclara que rescata ciertas cosas de la virtualidad, porque logró aprender nuevas maneras de practicar la docencia y a utilizar plataformas digitales que favorecen el campo audiovisual en el que se desempeña.

MARLON ECHAVARRÍA. Tiene 40 años y desempeña la docencia desde hace 5, de los cuales 4 los ha ejercido en la Universidad Católica Luis Amigó. Realizó su maestría en la Universidad de Antioquia y su camino por la docencia inició con una clase de radio en el Urabá.


El profesor Marlon define la docencia como un aprendizaje constante en el que es casi una obligación del docente replantearse la manera en que transmite su conocimiento. Cambiar lo magistral por lo interactivo y buscar día a día como “vender su clase a los estudiantes y que ellos quieran comprarla”.

Para él, a diferencia del profesor Jorge, más que angustiado se sintió retado por las circunstancias. Su mayor preocupación fue cómo atrapar la atención de los estudiantes, siendo consciente de la competencia que tenía con los muchos distractores que existen en la virtualidad.

Una de las estrategias que tuvo Marlon para sobrellevar la virtualidad y no perder su posición como docente fue mantener su rutina de mañana que tenía antes del confinamiento.

Al igual que el profesor Jorge, Marlon prefiere la presencialidad; considera que la conexión que genera con los estudiantes complementa su ejercicio educativo y hace amenas las clases.


JUAN LUIS ÁNGEL. Es economista graduado de la Universidad Nacional de Colombia y tiene una maestría en educación de la Universidad Bolivariana de Chile. Tiene 60 años, la energía para recorrer 20 km al día en su bicicleta y desde el 2001 hace parte de la comunidad amigoniana.

Para Juan Luis, la docencia se deriva de la disposición de herramientas que permitan y mejoren la transmisión de conocimientos. La posibilidad de animar los encuentros con estudiantes, poner un orden a las clases y tener una buena actitud son elementos fundamentales para su ejercicio de enseñanza.   


Contrario a otros docentes, su experiencia con las herramientas digitales no fue dificultosa debido a que conocía y comprendía el funcionamiento de varias de las plataformas como Meet y el Campus Virtual. Sin embargo, aspectos como la mala conectividad, la falta de un buen equipo y la poca comprensión de algunos estudiantes, hicieron que el proceso de realizar una clase por medio de la virtualidad resultara en una situación algo compleja. 


A pesar de sus dificultades, el profesor Juan tiene una mirada objetiva frente a las dos modalidades. Argumenta que ambas maneras de enseñanza se pueden complementar para optimizar el proceso de aprendizaje y rescata las gratas experiencias de sus clases virtuales, sin dejar de lado la importancia del “cara a cara”.


Escuchando a nuestros profes, nos damos cuenta de un elemento común: el amor por la presencialidad. Para ellos, a pesar de que la virtualidad les brindó distintas herramientas para transmitir el conocimiento de una manera totalmente diferente a la que conocían, sienten que la interactividad que brinda la presencialidad es fundamental para proyectar su rol como docentes. En definitiva, para los docentes amigonianos el crear conexiones más allá de una pantalla es primordial para formar a grandes profesionales.