{"id":1387,"date":"2018-11-07T14:33:35","date_gmt":"2018-11-07T19:33:35","guid":{"rendered":"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/?p=1387"},"modified":"2024-12-12T15:35:19","modified_gmt":"2024-12-12T20:35:19","slug":"la-veracruz-entre-lo-mundano-y-lo-divino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/?p=1387","title":{"rendered":"La Veracruz: entre lo mundano y lo divino"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"1387\" class=\"elementor elementor-1387\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-c59aa35 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"c59aa35\" data-element_type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-8aa6c1b elementor-widget__width-initial elementor-widget elementor-widget-image\" data-id=\"8aa6c1b\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"image.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"840\" height=\"200\" src=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1-840x200-1.jpg\" class=\"attachment-large size-large wp-image-5522\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1-840x200-1.jpg 840w, https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1-840x200-1-300x71.jpg 300w, https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1-840x200-1-768x183.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 840px) 100vw, 840px\" \/>\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-5cc9c1cd elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"5cc9c1cd\" data-element_type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-cab01c3\" data-id=\"cab01c3\" data-element_type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-2e49eeba elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"2e49eeba\" data-element_type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t\n<p><em>Por: Edison Ferney Henao<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-post-date\"><time datetime=\"2018-11-07T14:33:35-05:00\">7 noviembre, 2018<\/time><\/div>\n\n\n<p>Carne, esp\u00edritu y dolor se funden como la<strong> Sant\u00edsima Trinidad<\/strong> en La Veracruz, una plazuela con m\u00e1s de 200 a\u00f1os de historia. All\u00ed, una cuadra abajo de la estaci\u00f3n Parque Berr\u00edo, una cincuentena de moteles, un centro cultural <strong>Vaishnava y una iglesia<\/strong>, invocan las promesas redentoras del sexo, el ascenso espiritual y la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity is-style-wide\"\/>\n\n\n\n<p>Sobre el pasaje Carabobo y la calle 51 se impone, erguida y de dos torres, la Iglesia de La Veracruz; templo cat\u00f3lico que ha bautizado, desde hace 215 a\u00f1os, a miles de paisas en el nombre de Cristo. Del otro lado, a unos cuantos pies, se halla una casona amarilla y vieja, un peque\u00f1o edificio que se ha entregado a Krishna, dios originario del pueblo hind\u00fa. Sobre el pavimento, en cambio, entre <strong>Cristo y Krishna<\/strong> revolotean, como \u00e1ngeles de pecado, las mal llamadas mujeres de la vida f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>Vida que, a pesar del qu\u00e9 dir\u00e1n, no es nada sencilla. Servir, pues, a los deseos carnales de hombres sedientos de placer es tarea compleja. Tambi\u00e9n lo es el oficio religioso, pues los gajes de la instrucci\u00f3n espiritual no desmerecen; curas y maestros se encargan de guiar a las ovejas descarriadas por el buen camino y de conservar a sus m\u00e1s fieles adeptos.<strong> La Veracruz,<\/strong> entonces, m\u00e1s que olor a pan, comercio informal y regateo, es todo un campo de batalla. All\u00ed, bajo la inclemencia del sol y la lluvia, la satisfacci\u00f3n del placer mundano y la purificaci\u00f3n espiritual, se disputan la atenci\u00f3n de propios y extra\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>En La Veracruz cae la tarde; sin embargo, un balc\u00f3n, una iglesia y un callej\u00f3n engalanado por\u00a0 gordas de Botero y putas, gritan vida. El panorama atiborrado y avasallante, no se desvanece con el arribo de la noche. Por el contrario, los transe\u00fantes aumentan y las cosas, para los negocios, la fe y el ocio, se ponen buenas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Vikuntha y su balc\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>El arte de contar dinero, no es, a menudo, la mayor fortaleza de cualquier<strong> Vaishnava<\/strong>; sin embargo, Vikuntha, s\u00ed que sabe contar el producido. El incienso, instrumento de elevaci\u00f3n espiritual de fieles y ociosos, deja varios billetes al d\u00eda. En medio de un balconcillo, pintado a verdes y violetas, un hombre, sentado en un sill\u00f3n viejo, se dedica a vender inciensos. Ensimismado y abstra\u00eddo del ruido y el caos del atardecer, Vikuntha organiza una a una las cajas de incienso, para luego, tras verlas en orden, destruir toda simetr\u00eda posible y comenzar de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicha tarea parece ser su preocupaci\u00f3n m\u00e1s grande. El paisaje que puede apreciarse a trav\u00e9s del ventanal que se impone tras su espalda, en nada perturba su encomienda de recibir y hacer pedidos de incienso. S\u00e1ndalo, canela, dinero, trabajo y juego, son los olores m\u00e1s llamativos para propios y extra\u00f1os. El olor a cigarros, cerveza y pavimento, es nulo ante la cantidad de esencias que tal balc\u00f3n de un metro tiene a su disposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde dicho balc\u00f3n puede apreciarse la Veracruz. El ajetreo de los lunes es, sin duda, estrepitoso en comparaci\u00f3n con el de los domingos; pues, en este \u00faltimo desaparecen, m\u00e1gicamente, los venteros de frutas, chicles, minutos, tinto y baratijas; las putas j\u00f3venes y viejas; y los vendedores de todo tipo de vicios. Es como si los domingos el desenfreno y el bochorno se tomaran un respiro, unas cortas vacaciones, para el lunes reanudar con pie derecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Vikuntha, de estatura baja y contextura delgada, est\u00e1 en su balc\u00f3n todos los d\u00edas, no solo lunes y domingos. Ha sido testigo de todo y, a la vez, de nada, desde hace treinta a\u00f1os. Parece perderse entre el incienso y el paisaje; sin embargo, su cuello, largo y huesudo, no pasa desapercibido; de este se sujeta un grueso collar de tulasi, madera sagrada para el Se\u00f1or Krishna y quienes le siguen. Tampoco pasan desapercibidas las pinturas de Ganesha; cuerpos humanos y cabezas de elefante decoran los tres niveles de la construcci\u00f3n, la cual se ha entregado, por completo, a esta diosa del pante\u00f3n hind\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>El ambiente de esta casona amarilla y vieja dista, ampliamente, de la cultura paisa. Su publicidad, improvisada y\u00a0 peque\u00f1a, reza varios epitafios: <strong>Govinda\u2019s restaurante y centro cultural<\/strong>; tambi\u00e9n, en forma circular sobresale una sentencia muy gringa entre el resto de moteles: <strong>World Vaishnava Association<\/strong>. All\u00ed, cada aroma, sabor, color, estampa y sonido reiteran que, a pesar de estar en pleno centro de la ciudad, usted se encuentra mucho m\u00e1s cerca de la India y el Oriente, que de Medell\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras pasar por el balc\u00f3n de Edison Alberto Pasos, m\u00e1s conocido como Vikuntha, no queda m\u00e1s que entregarse al placer espiritual. Ca\u00edda la tarde, casi todos los d\u00edas de la semana, el templo de Govinda\u2019s abre la puerta a practicantes y curiosos. Quitarse, entonces, los zapatos y echar de menos los apegos materiales, es el primer paso para estar en contacto con los dioses. En medio de un amplio recinto, cuyos ventanales parecen chocar de frente con las torres y campanarios de la Iglesia de La Veracruz, aprendices, maestros y visitantes esperan con furor su hora de encuentro con Krishna.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Purificaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Son las 4:30 p.m. y el ritual ha de comenzar. T\u00fanicas, velos, cortes de cabello, flores, tambores y acordeones le recuerdan que, por lo menos, un tramo del Ganges y una parte de la cultura oriental le dan la bienvenida. Telones en p\u00farpura, rosa y magenta, todos siguiendo al un\u00edsono la paleta del color, custodian un altar que, solo cuando el ritual est\u00e9 a punto de finalizar, ser\u00e1 develado: sin purificaci\u00f3n previa, entonces, no hay regocijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el ritual los mantras hind\u00faes, la m\u00fasica y la postraci\u00f3n sobre el suelo son sonidos e im\u00e1genes repetitivas. \u2013 <em>\u201cHare Krishna, Hare Krishna, Krishna, Krishna, Hare, Hare, Hare Rama, Hare Rama, Rama, Rama, Hare, Hare\u201d<\/em>, es un mantra entonado en centenares de ocasiones. Asimismo, la danza y bailes, que poco tienen que envidiarle a los musicales de Bollywood, amenizan la jornada. El abandono en el se\u00f1or Krishna y la conmemoraci\u00f3n de las tradiciones vedas, junto con el desapego a lo material, son algunas de las caracter\u00edsticas que m\u00e1s resaltan entre los practicantes de esta doctrina espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Cae la noche y cae el tel\u00f3n. La postraci\u00f3n es, de nuevo, un adem\u00e1n com\u00fan para m\u00e1s de cincuenta personas. Labios y lenguas balbucean mantras en hind\u00fa, mientras el maestro del templo, calvo y entre prendas anaranjadas, esparce agua sobre los cuerpos ansiosos que presencian el esplendor de Krishna. Luego, hombres y mujeres, por separado, recorren el lugar en c\u00edrculos, disfrutan del olor de las flores y el aceite. El ascenso del esp\u00edritu es posible, \u00fanicamente, a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n, acompa\u00f1ada esta de alegr\u00eda, la entonaci\u00f3n de mantras y el movimiento corporal.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Tres campanas y un rosario<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Dentro del templo de la Veracruz, tambi\u00e9n se eleva la fe. Mendigos, mujeres y ancianos rezan el segundo misterio gozoso: <em>La visita de Mar\u00eda a Santa Isabel<\/em>. Las arengas no son, pues, en hind\u00fa. All\u00ed, el Santa Mar\u00eda madre de Dios\u2026 y el Dios te salve Mar\u00eda\u2026, tan cotidiano de los cat\u00f3licos en Antioquia, es el mantra clave para entrar en conexi\u00f3n con Cristo, el salvador.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres campanas anuncian que cae la tarde. Entre tanto, el rosario avanza en medio de Mar\u00edas, v\u00edrgenes y candelabros. Las im\u00e1genes de Mar\u00eda Auxiliadora, La Dolorosa y La Virgen del Carmen, parecen vivir, con la misma devoci\u00f3n que un mortal, la cadena de oraciones, cantos y alabanzas. Transcurre el rosario y, a su vez, aumenta la avanzada de mujeres empaquetadas en blusas y minifaldas, que apretujan y reafirman lo que yace ca\u00eddo. Son Mar\u00edas de carne y hueso. Mar\u00edas que, tras encomendarse a su Dios, saldr\u00e1n a ganarse la vida redimiendo otros cuerpos y venerando otra carne.<\/p>\n\n\n\n<p>No existe el silencio. La segunda casilla del rosario culmina en la Torre de David. No finaliza, en cambio, el ingreso de habitantes de calle, m\u00e1s mujeres en blusas y peque\u00f1as minifaldas, ancianas descalzas y de sonrisas quebradas, y hombres cultos y atalajados con los mejores pantalones de sat\u00edn y correas de cuero.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco finalizan los recorridos de turistas cautivados por la arquitectura del lugar. Cinco l\u00e1mparas colgantes, arcos, columnas, altares y candelabros son tan solo un aperitivo para los ojos curiosos. El \u00e9xtasis visual en el arca de la alianza llega m\u00e1s adelante; all\u00ed, bajo el imponente p\u00falpito que decreta la presencia de un hombre divino. Un hombre que, para quienes tararean el avemar\u00eda una y otra vez, muri\u00f3 en la cruz para salvar al mundo del pecado y los vej\u00e1menes de la codicia, el adulterio y el sexo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>Nacimiento del ni\u00f1o Dios en el portal de Bel\u00e9n<\/em>, el tercer misterio conmemora la llegada de un mortal casto y puro, que ilumin\u00f3, en alguna noche, el cielo de Bel\u00e9n de Judea. Con el nacimiento de cristo en La Veracruz, tal parece que muere el pudor y la verg\u00fcenza. Nada queda all\u00ed que pueda considerarse indigno o inmoral. La godarria antioque\u00f1a, apegada a su moralina y valores cristianos, se escandalizar\u00eda f\u00e1cilmente si viese como hoy conviven bajo el mismo techo, en pleno centro de la ciudad, el placer carnal y espiritual; que el sexo y el cortejo ya no se condenan a la oscuridad del hogar, ni mucho menos a la sacralidad del matrimonio. Hoy, en plena iglesia, se negocia el ascenso al cielo y el ingreso, por la puerta grande, a las arcas del infierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Las plegarias contin\u00faan: <em>Oh mi buen Jes\u00fas, perdona nuestras culpas, l\u00edbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al cielo especialmente a las m\u00e1s necesitadas\u2026<\/em> Entre tanto, bajo el techo alto y tallado de la iglesia de La Veracruz, transitan cientos de almas mientras cae la tarde. En medio del granito de mostaza y los c\u00e1nticos de amor al pr\u00f3jimo y amor a Dios, cada quien encuentra su espacio, su forma de olvidar e incorporarse en un mundo que promete menos crueldad que el pavimento y la intemperie.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha llegado la noche y las campanas, viejas y oxidadas, lo reiteran. Son las 6.00 p.m. y en la entrada de la Iglesia un joven hace las veces de pescador de almas, invita a hombres y mujeres a dejar los apuros de la vida banal y corriente, para entrar al templo, cantar, orar y sentir el fervor de entregarse a Dios. Dicho oficio, tambi\u00e9n es com\u00fan en el quehacer de Mar\u00eda del Carmen, quien no pretende pescar almas, pero s\u00ed buenos clientes que contribuyan al sustento.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Mar\u00eda del Carmen<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p><em>Papi, venga yo le ense\u00f1\u00f3 una cosa\u2026 <\/em>As\u00ed, cautelosa y coqueta, Mar\u00eda del Carmen acecha a sus presas. Desde los 14 desempe\u00f1a el quehacer de la prostituci\u00f3n y, desde hace tres a\u00f1os, su plaza laboral es La Veracruz. Le dicen la Negra y no le molesta, pues su pelo tieso y su piel tiznada, junto con su acento arrastrado con sabor a mar, le hacen pensar a cualquiera que se ha topado con una puta coste\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda del Carmen es una de las tantas prostitutas que recibe la noche en La Veracruz. Como todas, seguramente, tiene sus motivos, su historia. Bebe cerveza y fuma cigarros. La noche es joven y la madrugada, para su infortunio, ser\u00e1 larga. Hace fr\u00edo y eso parece no importarle. El escote y la estrechez son, entonces, reglas b\u00e1sicas en el oficio: luce blusa de tiras, minifalda corta, tenis y bolso de corduroy azul. Es todo un \u00e1ngel, no por gozar de un escultural cuerpo y bello rostro, sino, porque ser\u00e1 quien le cumpla todos los milagros a alg\u00fan cliente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando termine la jornada, Mar\u00eda del Carmen, saldr\u00e1 de viaje. Ir y venir ha sido el pan de cada d\u00eda en su oficio. Apenas amanezca, muy en la ma\u00f1ana, se embarcar\u00e1 hacia San Juan de Urab\u00e1, donde la espera su hija que cumple 9 a\u00f1os. All\u00ed viven, tambi\u00e9n, sus otros seis hijos. Son siete bocas en total. Siete muchachitos que, con el trabajo y el sacrificio de Carmen, sobreviven cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Con siete hijos al hombro, ya no aparenta 20 ni 25, pues son 37 primaveras las que la acompa\u00f1an. 37 primaveras que le permiten recordar c\u00f3mo era su vida antes de llegar a La Veracruz, antes de recurrir al oficio de la prostituci\u00f3n para llevar de comer al hogar y sostenerse ella misma. Antes de perder a su esposo, antes de sufrir el desarraigo de su familia y territorio.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de sus carcajadas, puede entreverse la ausencia de uno de sus dientes, caracter\u00edstica que la hace a\u00fan m\u00e1s ex\u00f3tica y carism\u00e1tica. Entre carcajadas, contin\u00faa hablando sobre su vida, sinti\u00e9ndose importante y escuchada, en medio de la suciedad, el ruido y la pestilencia que ha dejado el paso del d\u00eda en La Veracruz.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi esposo se fue para los paracos y all\u00e1 lo mataron; lo mataron en el monte. <\/em>Su esposo, su compa\u00f1ero durante siete a\u00f1os, como a muchas mujeres y familias en Colombia, le fue arrebatado por la violencia paramilitar que azot\u00f3 al Urab\u00e1 antioque\u00f1o. El rastro de la guerra y el dolor permanecen en Carmen. Los estragos del conflicto, la rudeza y el exilio que trajo el conflicto armado en Colombia, ha hecho que muchas mujeres, entre ellas Carmen, salgan de sus casas, echen de menos la p\u00e9rdida y afronten el comando del hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, sus hijos saben en qu\u00e9 se desempe\u00f1a durante sus estancias en Medell\u00edn. Ellos saben, que para poder ir al colegio, su madre debe trabajar, rebuscarse la vida, y ese rebusque es el que la tiene en La Veracruz.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni Cristo ni Krishna la han conquistado. Durante el lapso que lleva trabajando sobre Carabobo no ha pisado el templo. No es cat\u00f3lica. Dice tener una relaci\u00f3n diferente con Dios. No es esta Mar\u00eda una de las que desfila a hacer su minuto de oraci\u00f3n antes de lanzarse a la calle a revolotear y atrapar clientes. Tampoco es esta Mar\u00eda, quien busca en las paredes de un templo la tranquilidad, la sabidur\u00eda y la fuerza para continuar. Por el contrario, Mar\u00eda del Carmen, tiene que v\u00e9rselas con las paredes de cuchitriles de motel y con las caricias del perico;\u00a0 puesto que, para producir, este \u00faltimo es el \u00fanico que la mantiene activa y caliente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya la noche ha desplazado el d\u00eda. Las 8:30 p.m. anuncian que La Veracruz, aparte de ca\u00f3tico, es un lugar inseguro y complejo. Mar\u00eda del Carmen, ya no es Mar\u00eda del Carmen, se llama Sandra, el otro es su nombre de pila. Esta mujer negra de labios gruesos sabe que la noche entra en calor y que, en cualquier momento, le llega un cliente.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, el balc\u00f3n de Vikuntha ha cerrado. El ventanal se encuentra, con candado a bordo, bien asegurado. Tras esa venta verde de metal, ma\u00f1ana, desde temprano, Edison Alberto Pasos estar\u00e1 vendiendo y organizando inciensos. Las puertas de La iglesia de La Veracruz tambi\u00e9n han cerrado. De hecho, han despachado, con el repique de sus campanas, a los fieles desde temprano, pues all\u00ed puede hablarse con Dios solo hasta las 6:30 p.m. El regocijo espiritual, por el momento, tendr\u00e1 que esperar la llegada de un nuevo d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda del Carmen, en cambio, deja a Sandra de lado. El incienso con que Vikuntha rememora la suerte y el trabajo, le vendr\u00eda bien en lo que le resta de noche. Echa a andar y recuerda, antes de volver a sus quehaceres, que ella alg\u00fan d\u00eda saldr\u00e1 de all\u00ed. Que si bien no ser\u00e1 Cristo quien la redima, espera que el destino le depare una nueva vida. Una vida con una cruz menos pesada. <em>Una vida de puta, pero de puta digna.<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft\"><a href=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/1-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1391\"\/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft\"><a href=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/2.jpg\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/2-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1393\"\/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft\"><a href=\"https:\/\/sextante.ucatolicaluisamigo.edu.co\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/3.jpg\"><img decoding=\"async\" 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