Gaza

Cuando el dolor también tiene fronteras – La vida después del 9/11/2001

Palestina: una historia que no comenzó en 2023
El 7 de octubre de 2023 no fue el inicio de la historia palestina. Sin embargo, desde
aquel día, Gaza se transformó en el escenario de una de las catástrofes
humanitarias más grandes que han ocurrido en los años recientes.
Alrededor de 1.200 personas fueron asesinadas y cientos más tomadas como
rehenes en el ataque de Hamás a Israel. Es indispensable condenarlo. Pero
también es importante observar lo que sucedió después: la ofensiva de Israel en
Gaza dejó miles de civiles fallecidos, el desplazamiento forzado de muchas
personas y una devastación que perjudicó a hospitales, casas, escuelas y servicios
esenciales.
Sin embargo, cada número está asociado con un nombre, una familia y una historia.
Cada muerte significa que una vida ha cesado y que un duelo sigue su curso lejos
de las cámaras.
Y en medio de esta realidad surge otra pregunta: ¿qué límites tiene un Estado en
nombre de una tierra que considera prometida? La reclamación religiosa e histórica
que ejerce Israel sobre Palestina no puede ser la razón para expulsar, someter o
destruir a quienes también viven allí; pues ninguna promesa religiosa puede ser
superior a la vida de un ser humano, y ninguna noción territorial debería hacer que
una población completa se convierta en víctima de un conflicto.
En Ucrania la guerra también apaga la vida cotidiana.
La guerra en Ucrania brinda una perspectiva, que aunque atenta contra la vida de la
humanidad, nos muestra algo más allá de esta problemática.
Los bombardeos rusos a la infraestructura energética han provocado que millones
de personas se enfrenten a la falta de luz, calefacción y agua mientras las
temperaturas son extremas.
Un reporte dado a conocer por Amnistía Internacional en febrero de 2026 detalló los
impactos humanitarios de las agresiones sistemáticas contra la infraestructura
energética de Ucrania y documentó lo que dijeron los civiles que sobrevivieron al
invierno sin servicios primordiales.
La organización ha reunido una de las experiencias en pocas palabras, según el
testimonio: “Ahora mismo, nos encontramos en una situación de supervivencia
máxima”. Traducción propia de la versión original en inglés.
No todas las víctimas fallecen bajo los escombros. Algunas sobreviven a la guerra
buscando agua, intentando calentar el lugar o sosteniendo en funcionamiento un
hospital. Y ahí vuelve a surgir la pregunta: ¿cuánto espacio ocupa ese sufrimiento
en el diálogo global?
El valor de una vida no debería depender de una frontera
Decir que existe una “jerarquía del dolor” no implica que todas las guerras sean
idénticas. La pregunta es diferente: ¿por qué algunos desastres logran nombres,
monumentos y décadas de recuerdo, mientras que otros solo terminan siendo un
número en las noticias? o peor aún ¿por qué terminan siendo las muertes de seres
humanos justificadas por motivos políticos, religiosos o económicos?
También está la responsabilidad del periodismo en ese lugar. Narrar una guerra no
es simplemente contar los muertos; es tener presente que tras cada número se
encuentra un ser humano, una familia y una historia.
Por lo tanto, al referirse nuevamente a los hechos de aquel 9 de septiembre del
2001 no se trata de menospreciar la importancia de sus víctimas, por lo contrario,
busca generar un cuestionamiento del cómo el mundo pudo transformar sus
nombres en recuerdos y qué ocurre con aquellos que mueren lejos de las cámaras.
Afganistán, Palestina, Ucrania y muchos otros conflictos tienen nombres que
también merecen ser recordados En Nueva York, miles de nombres siguen inscritos
en bronce. La cuestión no es si tenemos que acordarnos de ellos veinticinco años
después, sino cuántos nombres más estamos dispuestos a recordar; además, de
como haremos, como humanidad, para defender la vida humana por encima de los
intereses de unos pocos.