Cuando el dolor también tiene fronteras: La vida después del 9/11/2001
Desde Nueva York hasta Afganistán, Gaza y Ucrania, los conflictos bélicos plantean una pregunta incómoda: ¿todas las vidas son igual de atendidas cuando se ven afectadas por la violencia?
14 de Septiembre de 2026.
Por: Juan Esteban Alzate Gómez.

El 11 de septiembre del año 2001, el mundo entero presenció, casi de manera inmediata, el impacto de dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York. Las fotografías, reportajes y videos viajaron por todo el mundo y, en unas pocas horas, el atentado pasó a ser uno de los eventos más recordados del siglo XXI. Un total de 2.977 vidas fueron perdidas. Sus nombres fueron grabados en bronce en el Memorial del 9-11, y cada año los familiares y visitantes los mencionan nuevamente con una nostalgia y un cariño propio de cada ser humano por una de estas pérdidas. El sitio transformó los números en nombres y los nombres en memorias.
Este acontecimiento, 25 años más tarde, se percibe como una memoria, un luto y una herida que cambió al mundo. Sus víctimas se transformaron en nombres que nunca dejan de ser pronunciados. Sin embargo, observar esa memoria también supone mirar hacia nuestro mundo actual: ¿por qué algunas vidas logran mantenerse en la memoria colectiva, mientras que otras, víctimas de guerras y violencias igualmente terribles, acaban siendo solo un número o un motivo justificado?
Cuando unas tragedias permanecen y otras desaparecen
Rememorar a las víctimas de aquel día de septiembre del 2001 no es un inconveniente. Por el contrario, recordar es un medio para honrar la dignidad de aquellos que han fallecido. El problema surge cuando parece que la atención mundial se reparte de forma desigual. Afganistán ilustra este caso. Las mujeres y las niñas han experimentado un aumento continuo de las limitaciones en cuanto a educación, empleo, movilidad y participación en la vida pública desde que los talibanes volvieron al poder en 2021.
En 2026, la activista Malala Yousafzai hizo una precisión durante un discurso ante ONU Mujeres que resulta difícil de ignorar. Al referirse a las mujeres afganas, afirmó, traducido del inglés,: “No están pidiendo una intervención militar. Nos están pidiendo que las salven”.
La declaración muestra un punto de inflexión significativo, donde nos muestra que una población puede requerir la solidaridad internacional sin que eso implique necesariamente ser objeto de otra intervención militar, pues estaríamos aumentando una violencia que se busca frenar.
El asunto que llega a ser objeto de pregunta en este caso es cuestionarnos cuánto tiempo puede una crisis mantenerse fuera de las principales conversaciones a nivel mundial antes de volverse una tragedia normalizada.
Palestina: una historia que no comenzó en 2023
El 7 de octubre de 2023 no fue el inicio de la historia palestina. Sin embargo, desde aquel día, Gaza se transformó en el escenario de una de las catástrofes humanitarias más grandes que han ocurrido en los años recientes. Alrededor de 1.200 personas fueron asesinadas y cientos más tomadas como rehenes en el ataque de Hamás a Israel. Es indispensable condenarlo. Pero también es importante observar lo que sucedió después: la ofensiva de Israel en Gaza dejó miles de civiles fallecidos, el desplazamiento forzado de muchas personas y una devastación que perjudicó a hospitales, casas, escuelas y servicios esenciales.
Sin embargo, cada número está asociado con un nombre, una familia y una historia. Cada muerte significa que una vida ha cesado y que un duelo sigue su curso lejos de las cámaras.
Y en medio de esta realidad surge otra pregunta: ¿Qué límites tiene un Estado en nombre de una tierra que considera prometida? La reclamación religiosa e histórica que ejerce Israel sobre Palestina no puede ser la razón para expulsar, someter o destruir a quienes también viven allí; pues ninguna promesa religiosa puede ser superior a la vida de un ser humano, y ninguna noción territorial debería hacer que una población completa se convierta en víctima de un conflicto.
En Ucrania la guerra también apaga la vida cotidiana
La guerra en Ucrania brinda una perspectiva, que aunque atenta contra la vida de la humanidad, nos muestra algo más allá de esta problemática. Los bombardeos rusos a la infraestructura energética han provocado que millones de personas se enfrenten a la falta de luz, calefacción y agua mientras las temperaturas son extremas.
Un reporte dado a conocer por Amnistía Internacional en febrero de 2026 detalló los impactos humanitarios de las agresiones sistemáticas contra la infraestructura energética de Ucrania y documentó lo que dijeron los civiles que sobrevivieron al invierno sin servicios primordiales. La organización ha reunido una de las experiencias en pocas palabras, según el testimonio: “Ahora mismo, nos encontramos en una situación de supervivencia máxima”. Traducción propia de la versión original en inglés.
No todas las víctimas fallecen bajo los escombros. Algunas sobreviven a la guerra buscando agua, intentando calentar el lugar o sosteniendo en funcionamiento un hospital. Y ahí vuelve a surgir la pregunta: ¿Cuánto espacio ocupa ese sufrimiento en el diálogo global?
El valor de una vida no debería depender de una frontera
Decir que existe una “jerarquía del dolor” no implica que todas las guerras sean idénticas. La pregunta es diferente: ¿por qué algunos desastres logran nombres, monumentos y décadas de recuerdo, mientras que otros solo terminan siendo un número en las noticias? o peor aún ¿por qué terminan siendo las muertes de seres humanos justificadas por motivos políticos, religiosos o económicos?
También está la responsabilidad del periodismo en ese lugar. Narrar una guerra no es simplemente contar los muertos; es tener presente que tras cada número se encuentra un ser humano, una familia y una historia. Por lo tanto, al referirse nuevamente a los hechos de aquel 9 de septiembre del 2001 no se trata de menospreciar la importancia de sus víctimas, por lo contrario, busca generar un cuestionamiento del cómo el mundo pudo transformar sus nombres en recuerdos y qué ocurre con aquellos que mueren lejos de las cámaras.
Afganistán, Palestina, Ucrania y muchos otros conflictos tienen nombres que también merecen ser recordados, como en Nueva York; miles de nombres siguen inscritos en bronce. La cuestión no es si tenemos que acordarnos de ellos veinticinco años después, sino cuántos nombres más estamos dispuestos a recordar; además, de como haremos, como humanidad, para defender la vida humana por encima de los intereses de unos pocos.