Día del campesino

Desde la raíz

Por: Rosana Gutiérrez, Luciana Vásquez, Laura Melissa Sampedro

Fotografía tomada por: Rosana Gutiérrez
Foto: Rosana Gutiérrez

Álvaro León Cano es un campesino y agricultor del corregimiento de San Sebastián de Palmitas, Antioquia. Ha obtenido por herencia de sus padres esta vocación y desde sus más vagas memorias se recuerda en el campo, cultivando y trabajando la tierra. En su finca La Manuela, se cultiva aguacate, limones, yuca, naranja, frijol, café, plátano, banano, cebolla, cilantro; tienen gallinas ponedoras y criollas, cerdos, ganado y una cantidad inmensa de amor por la tierra y el campo. 

Tiene 3 hijos, 2 viven en Medellín y el menor vive con él y su esposa en la finca. Don Álvaro habla del campo con tanto amor y propiedad como con la que habla de su esposa, Ofelia Rodríguez. Llevan más de 30 años casados y aún habla con ojos de enamorado cuánto ama a la mamá de sus hijos. Con severidad dice que no se imagina una vida sin ella y que no le encontraría sentido alejarse de su tierra, porque para él ser campesino es todo lo que conoce y lo que es.

Tomada por: Luciana Vásquez
Foto: Luciana Vásquez

Juan, el menor, le ayuda a su papá los fines de semana con el cultivo y cuidado de la finca, pero en la mayoría de las veces, don Álvaro, de 63 años es quien se ocupa de labrar la tierra, plantar las semillas, recolectar en las cosechas, cuidar de los animales y mantener a la finca La Manuela en el mejor estado para seguir produciendo y cosechando los alimentos que lleva todos los sábados a Medellín, ubicarse en el parque de Belén y ofrecer bajo una carpa de la Alcaldía de Medellín, lo que tanto le costó sacrificio y esfuerzo para traerle al citadino lo mejor de su cosecha. 

Don Álvaro pertenece a Mercados Campesinos desde hace 33 años. Esta es una iniciativa de la Alcaldía de Medellín, que busca crear un acceso directo entre los usuarios y campesinos sin intermediarios. En todo Medellín hay 27 mercados, cada uno ubicado en el parque o plaza central de la comuna. En todos hay mínimo 4 puestos, en otros incluso hay más de 20 cada fin de semana, desde las 4 de la mañana hasta las 2 de la tarde.

Foto: Laura Melissa Sampedro

Dentro de esta agrupación hay campesinos de muchas veredas y corregimientos de Medellín. Don Álvaro pertenece a la comuna 50, Palmitas. Él junto con su esposa, doña Ofelia, todos los sábados salen de su casa, en la vereda Urquita, a las 11 p. m., hacia el parque de Palmitas, donde los recoge la escalera junto con otros campesinos a las 12 de la noche, para comenzar su trayecto con canasta llenas de comida y los dueños de las manos que la cultivaron. 

La escalera tiene una ruta de aproximadamente 4 horas mientras pasan a buscar a varios campesinos en el camino, hasta llegar a su destino: el Parque de Belén. Aquí don Álvaro, doña Ofelia y sus otros compañeros comienzan a organizar sus puestos. Al llegar, las carpas ya están listas para su puesto de trabajo, entonces comienzan a ordenar las canastas, arreglar la yuca, el cilantro, preparar sus productos, quienes esperan a que se aclare el cielo para ser recibido por los usuarios. 

Muchas veces llegan trasnochados, cansados de sus largas jornadas de trabajo en la tierra, pero siempre se ponen su uniforme: un gorro y un delantal marcados con el logo de Mercados Campesinos y el sello de la Alcaldía, con mucho orgullo y disposición para un nuevo día en su puesto de trabajo, recogiendo las ganancias de todo el sacrificio que lleva detrás del banano que ve brillante, las naranjas bonitas y coloridas, el aguacate bien bueno, la canasta de huevos, el gajito de cilantro, el frijol que ellos mismos desgranan y seleccionan para que queden los mejores granos, los que usted quiere comprar, pero que a veces, olvida el esfuerzo que conlleva lo que le empacan en la bolsa del mercado.

Foto: Laura Melissa Sampedro

Después de una mañana ajetreada, alrededor de la 1:30 p. m.,  comienzan a empacar lo que quizá les sobró, o no les compraron. Organizan, de nuevo, las canastas, la comida y comienzan a subir todo a la escalera para hacer el viaje de regreso hacia su finca. Esta rutina es solo una de las tantas cosas que su familia debe realizar durante toda la semana. 

“La tierra produce mucho, pero hay que meterle la manito para que produzca”,

Don Alvaro

Su hijo Juan comenta que ellos no compran la semilla, sino que, por el contrario, ellos mismos se encargan de cultivarla y hacer los germinadores. Por lo que todo el cultivo es de su propia mano de obra.

Don Álvaro se siente muy orgulloso de ser campesino, no cambia la tranquilidad del campo por la ajetreada vida citadina, el olor a tierra mojada, el canto de los pájaros y el aire puro, son algunas de sus constantes junto al amor por su esposa. 

Agradece, además, el valor que le da la Alcaldía a su trabajo con iniciativas como Mercados Campesinos e impulsa cada día a sus compañeros agricultores a que se unan a este programa. Sin embargo, resalta el poco aprecio que pueden tener los citadinos frente a su labor, regateando sin tener en cuenta todo el trabajo que está detrás de los granos de café, las verduras y los animales que día a día son parte de nuestra dieta alimenticia.

Antioquia tiene más de 6 millones de habitantes, de los cuales más del 47  % es población rural. No obstante, sigue siendo una población olvidada y poco valorada pese a su rol fundamental dentro de la sociedad.  

Foto: Rosana Gutiérrez

¿Y si no fuera por el campesino qué sería de la gente de la ciudad? ¿Ustedes hacen sopa con billetes de 100 mil? No, ustedes tienen que tener algo del campesino pa’ sobrevivir en la ciudad”, argumenta don Álvaro.

Familias como la de don Álvaro son aquellas que dejan el nombre de Colombia por lo alto, lo amable, los serviciales que son y los entregados que son a su trabajo; quienes tratan con amor a la tierra porque entienden que ella les da un sustento para mantener su hogar y su familia.  Entre las montañas, trabajan desde el amanecer hasta que se esconde el sol, buscando que sus productos sean valorados.

Foto: Luciana Vásquez

Esta es la historia de don Álvaro, un hombre con un carisma inigualable, pero como él hay muchos otros campesinos que esperan de apoyo y visibilidad para sus vidas y sus productos que vienen del sol de la montaña y regados con agua pura, para que podamos disfrutar e impresionar nuestro paladar, porque las sopas no se hacen con billetes de cien mil. 

Conozca a la familia Cano:

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