La desinformación amenaza la confianza en las vacunas.
19 de mayo de 2026
Por: Melissa Moreno Torres; Melissa Castaño y Hillary Gomez Olaya.
Las vacunas dejaron de ser únicamente un asunto médico para convertirse también en un debate social atravesado por el miedo, la desinformación y las redes sociales. Después de la pandemia por COVID-19, la circulación de noticias falsas y discursos antivacunas ha generado dudas en parte de la población frente a la seguridad y efectividad de las vacunas, afectando la confianza ciudadana en los esquemas de inmunización. Un estudio publicado por la revista académica Contratexto evidenció cómo, en Colombia, grupos escépticos utilizaron plataformas como X e Instagram para difundir narrativas engañosas sobre las vacunas, manipulando discursos científicos y promoviendo sentimientos de desconfianza hacia las instituciones de salud.
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En Colombia, las autoridades sanitarias han advertido que la desinformación representa uno de los principales retos para la salud pública. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud impulsaron en 2025 una campaña orientada a fortalecer los mensajes confiables sobre vacunación, ante el aumento de contenidos engañosos difundidos especialmente en redes sociales.
Entre los mitos más difundidos aparecieron afirmaciones falsas sobre supuestos microchips en las vacunas, efectos irreversibles en el cuerpo o alteraciones genéticas. Aunque muchos de estos mensajes fueron desmentidos por organizaciones científicas y autoridades sanitarias, el impacto de la desinformación continúa influyendo en la percepción ciudadana frente a la vacunación.
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Esa incertidumbre también se refleja en la experiencia de muchos padres de familia. David Zuleta, abogado y padre de un niño de cuatro años, asegura que, aunque mantiene completo el esquema de vacunación de su hijo, en ocasiones ha sentido miedo por la información que circula en internet.
“A veces uno escucha comentarios que asustan, pero trato de informarme bien antes de tomar decisiones”, afirma David.
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Especialistas consultados coinciden en que el problema no solo radica en la circulación de noticias falsas, sino también en la velocidad con la que estos contenidos logran difundirse y generar miedo colectivo. En muchos casos, una publicación viral en redes sociales puede tener más impacto en la opinión pública que una campaña institucional basada en evidencia científica.
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Frente a este panorama, las autoridades sanitarias reconocen que la desinformación se ha convertido en uno de los mayores retos para los programas de vacunación en Colombia. Aunque las coberturas han mostrado una recuperación gradual después de la pandemia, persisten dificultades relacionadas con el acceso, la desconfianza ciudadana y la circulación de noticias falsas en redes sociales.
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Para Elkin Villamizar, funcionario de la Secretaría de Salud de Medellín, el reto no solo consiste en garantizar la disponibilidad de las vacunas, sino también en recuperar la confianza de la población frente a los procesos de inmunización.
“La desinformación sí es un reto grande. Muchas veces circulan noticias falsas en redes sociales que generan miedos en los padres de familia” afirma Elkin.
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Según Villamizar, aunque Colombia ha logrado recuperar parte de la cobertura de vacunación después de la pandemia, “todavía hay retos importantes”, especialmente en regiones apartadas del país. El funcionario señala que las mayores dificultades suelen presentarse en zonas rurales como la Amazonía, Chocó, La Guajira y algunos sectores del Pacífico y la Orinoquía, donde influyen factores como “el acceso geográfico, las distancias, problemas de transporte e incluso falta de información”.
Frente a estas problemáticas, las autoridades sanitarias han fortalecido jornadas nacionales de vacunación, visitas puerta a puerta y campañas pedagógicas en colegios, hospitales y comunidades. “Estamos llevando la vacunación más cerca de la gente. Se hacen brigadas móviles, jornadas gratuitas, horarios extendidos y articulación con colegios y comunidades”, explica.
Además de ampliar el acceso, las instituciones buscan combatir la desinformación mediante estrategias de comunicación en redes sociales, emisoras comunitarias y centros de salud. “También buscamos educar más a las familias para que entiendan que vacunar no solo protege a una persona, sino a toda una comunidad”, concluye. Villamizar.
La ciencia responde
Frente al crecimiento de la desinformación y los temores que circulan en redes sociales, especialistas en inmunología y salud pública insisten en que las vacunas continúan siendo una de las herramientas más efectivas para prevenir enfermedades graves y reducir la mortalidad.
Uweimar Aguilar, docente e investigador del grupo de Inmunovirología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, explica que el Programa Ampliado de Inmunización en Colombia está diseñado para proteger a la población desde el nacimiento hasta la adultez, dependiendo de los riesgos y necesidades de cada etapa de la vida.
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“En general, esas vacunas previenen enfermedades muy graves que algunas no tienen cura. La herramienta que tenemos para protegernos es básicamente la vacuna”, afirma Aguilar.
El investigador señala que enfermedades como la hepatitis B o la fiebre amarilla continúan representando riesgos importantes para la salud pública debido a sus altos niveles de mortalidad y a la ausencia de tratamientos curativos efectivos. Por esta razón, insiste en la importancia de cumplir adecuadamente los esquemas de vacunación establecidos por las autoridades sanitarias.
Además, Aguilar advierte que muchos de los contenidos que circulan en redes sociales carecen de sustento científico y contribuyen a aumentar el miedo colectivo frente a las vacunas.
“Uno de los mitos más frecuentes es que las vacunas tienen chips o que pueden generar enfermedades más graves que la misma enfermedad para la que nos estamos vacunando”, explica.
Según el especialista, aunque toda intervención médica implica un riesgo mínimo, las vacunas pasan por múltiples estudios de seguridad antes de ser aprobadas. En ese sentido, asegura que los beneficios de la inmunización superan ampliamente los posibles efectos adversos.
Otro de los riesgos señalados por el investigador es el abandono de los esquemas de vacunación y la disminución de la cobertura colectiva. Para Aguilar, esto podría facilitar el regreso de enfermedades que ya se encontraban controladas, como el sarampión.
“El problema es que las personas no se están vacunando. Cuando ya todos alrededor tampoco quieren vacunarse, el virus empieza a circular”, advierte.
El especialista también recordó que la vacunación no solo protege de manera individual, sino que contribuye a generar inmunidad colectiva, reduciendo la propagación de enfermedades dentro de las comunidades.