Falta de reconocimiento a las Madres Sustitutas

Falta de reconocimiento a las Madres Sustitutas

En Colombia más de 60.000 mil mujeres, prestan su hogar y asumen el rol de madres sustitutas para brindar apoyo,protección y cuidado a niños en situaciones vulnerables.

30 de abril de 2026.

Autores : Caren Aristizabal,Daniela Gaitan

Miles de niños crecen lejos de sus familias biológicas debido a causas de vulneración, enfrentando desde temprana edad contextos como el abandono, violencia doméstica o faltas de garantías básicas. En medio de estas realidades hay mujeres que deciden colocar su hogar temporalmente a disposición del estado para garantizar ese bienestar, tomando el rol de “madres sustitutas”. 

Estas mujeres hacen parte de un programa liderado por el Instituto De Bienestar Familiar, el cual tiene como principio garantizar la protección integral de los niños, niñas y adolescentes mientras se define su situación legal ya sea declarado en adoptabilidad o reintegro familiar ( son devueltos a sus familias biológicas siempre y cuando estas cumplan con los parámetros establecidos  para garantizar su cuidado) 

Ser madre sustituta implica cuidar, educar y acompañar emocionalmente a menores que, en muchos casos, llegan con heridas profundas, traumas emocionales o con problemas de sustancia. Esto implica ofrecer más que un espacio, es dar estabilidad, afecto y confianza.Pero también significa asumir un desafío emocional constante: aprender a amar y, eventualmente, dejar ir. 

Amor que cuida en silencio

“Uno aprende a amar sin medida, pero también a soltar con el alma en la mano”, expresa Alba Lucía Hernández, quien lleva 18 años ejerciendo como madre sustituta.

A lo largo de este tiempo, ha cuidado tres grupos de hermanos y cinco niños, construyendo con cada uno de ellos vínculos marcados por el afecto, la responsabilidad, la confianza y el aprender.

“Al principio fue muy duro. No sabía cómo manejar a los adolecentes era un gran reto tanto para mi, como para ellos. Con el tiempo entendí que mi papel no era retenerlos, sino darles herramientas emocionales para continuar con su vida aprendiendo de su pasado”, explica.

“La gente no sabe lo que hacemos. Creen que es solo cuidar niños, pero es mucho más. Es formar, sanar, acompañar. Nos falta apoyo y visibilidad” dice doña alba. 

Vinculos que dejan huellas

Dilan Mateo Foronda, tiene 18 años y es estudiante de Psicología. En joven que hace parte del instituto de bienestar familiar, lleva desde los 7 años en esta medida de protección, pasando por modalidades como hogar de paso, hogar sustituto y actualmente Casa universitaria; donde se esta preparando para su vida autónoma he independiente.

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Juntas construyendo un camino

A medida que pasa el tiempo, la sociedad ha ortogado más garantías, pero el reconocimiento hacia esta labor sigue siendo insuficiente. aunque su papel es fundamental para crear caminos sanos y protectores para los niños, muchas veces esto pasa a segundo plano, invisibilizando la modalidad frente a otras formas de cuidado. construir este camino no es solo reconocer esta labor, sino entender que su trabajo trasforma vidas sosteniendo, en silencio el futuro de muchos niñas, niños y adolecentes.

Aunque muchos niños buscan un lugar al que llamar hogar, hay mujeres que, en silencio, deciden serlo. Aunque su labor no siempre reciba ese reconocimiento, en cada historia que logran cambiar queda la prueba que cuidar también es una forma profunda de amar.

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