Música afro en Medellín: raíces que suenan, pero pocos reconocen

Música afro en Medellín: raíces que suenan, pero pocos reconocen

Por: Manuel José Anderico Calderón, Isabela García Sierra y Ariana Alejandra Mestra Mena 

Ilustración por Ariana Mestra Mena

Que una canción sea viral en redes no significa que su origen sea reconocido. En Medellín es común bailar salsa, jazz, afrobeat, bullerengue, amapiano o rancha en discotecas y espacios de la ciudad, sin saber que detrás de cada ritmo hay comunidades que durante décadas han sido silenciadas. La música afro está en todas partes, pero su historia todavía espera ser contada.

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Afronauta: primer programa radial con música afro

Las emisoras de música afro han sido importantes para difundir sonidos que suelen quedar fuera de los medios tradicionales, además de contribuir al reconocimiento de su historia y su impacto dentro de la cultura de la ciudad.

Afronauta nació en el año 2011 y duró hasta el 2020, años en los cuales se hicieron 12 temporadas. Era un programa que se transmitía a las 10 p. m. 

Mauricio Gómez Mesa, locutor de la emisora Latina Stereo y su colega Oscar David Tamayo, experto en la historia del arte, compartían un mismo sentimiento: su pasión por la música. Lo que los llevó a crear su propio programa: Afronauta. Ellos mismos se autodenominaron afronautas y viajaban en “una chalupa intergaláctica (una especie de nave espacial)”. 

El programa difundió músicas que estaban pegadas en Nueva York a finales de los años 70; unos de los ritmos más destacados fue el bugalú: una mezcla de funk, soul, ritmos afroamericanos y afrocaribeños. Afronauta permitió que este tipo de música fuera reconocida en Medellín.

Óscar Tamayo Severina, cocreador del programa Afronauta en Latina Stereo, señaló que “a los medios comerciales solo les interesa lo que vende, lo que está de moda”. Sin embargo, reconoce que hoy existe mayor acogida gracias al trabajo de múltiples actores que han promovido los sonidos afro en la ciudad. Esa labor ha permitido que la música urbana incorpore elementos afro como parte de su identidad actual.

Aún así no se desconoce que muchos de los ritmos (con influencias de Haití, Guadalupe o Martinica) desde los más tradicionales hasta aquellos que convergen con estilos más actuales llegaron a Medellín por un proceso de migración. Conocer la historia y dar el crédito es una manera de reparar a las poblaciones que han sido invisibilizadas a lo largo del tiempo.    

Discotecas 

Hanson Gerald Williams Bowie, dueño de Sweet Island, bar de música afro, narró que el origen de la discoteca, fue creada “por una necesidad cultural”; proveniente de la evolución del dancehall, el afrobeat y el amapiano. El dueño destacó artistas como Hamilton, DJ Covid, DJ Jack, Andy Alaska, Luister la voz, Chelex, Daniloco, Burna Boy. Williams Bowie clasificó a Vybz Kartel como “el rey del dancehall”. El sanandresano elogió el trabajo de Ryan Castro: “le está pegándo muy duro a esto”.

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Gerencia Étnica: organización enfocada en la inclusión social.

Reconocer la música afro como patrimonio cultural es una deuda histórica que la ciudad empieza a saldar. La Gerencia Étnica lidera ese proceso: visibiliza los aportes afrodescendientes, promueve su participación activa en la vida cultural y contribuye a fortalecer la identidad, la memoria colectiva y la inclusión en Medellín.

La Alcaldía de Medellín promueve actualmente estrategias como el Centro de Integración Afrodescendiente Casa Afro, un espacio enfocado en promover la inclusión y la visibilización del componente étnico a través del encuentro intercultural.

Laura Palacios, dinamizadora de la Gerencia Étnica, explicó que la música afrodescendiente “tiene hoy un lugar importante dentro de la agenda cultural de Medellín”, gracias al trabajo conjunto entre artistas, colectivos y organizaciones comunitarias. 

Gerencia Étnica sostiene que el fortalecimiento de estas expresiones va más allá del entretenimiento y busca conectar la música con procesos de identidad y memoria colectiva. La entidad genera espacios de circulación cultural que permitan preservar saberes ancestrales y fortalecer la participación de estas comunidades dentro de Medellín.

Desde la institución consideran que todavía persisten imaginarios sociales que invisibilizan los aportes históricos de las comunidades afro e indígenas. “Hablar de inclusión no solamente implica generar espacios de participación, sino también avanzar en procesos de sensibilización” señaló Palacios, quien además destacó la necesidad de combatir el racismo y promover una Medellín que reconozca la diversidad étnica como parte fundamental de su identidad cultural.

A través de estrategias como la Agenda Afrocultural, la Casa Afro y campañas de prevención del racismo, la entidad consolida una agenda cultural más incluyente: “Fortalecer las comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras e Indígenas es también fortalecer la ciudad”, concluyó la funcionaria. 

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La espiritualidad detrás del ritmo

Para el artista chocoano Edgar Rúa, muchas de las expresiones musicales contemporáneas se han alejado del verdadero sentido ancestral de estas manifestaciones. Según explicó “los ritmos parten desde una evocación espiritual y no rítmica”, por lo que considera que gran parte de las reinterpretaciones urbanas actuales terminan respondiendo más a tendencias sociales y comerciales qué a una conexión auténtica con las raíces afro.

Rúa cuestiona la manera en que Medellín ha incorporado estas expresiones culturales dentro de su escena artística. Desde su experiencia, afirma que históricamente lo afro ha sido invisibilizado en la ciudad.

El músico recordó que Medellín jugó un papel importante en la expansión temprana del reggae y otros movimientos afro urbanos durante la década de los noventa. Junto a Luis Carlos Córdoba, conocido como “Luiska”, comenzó a explorar estos sonidos influenciados por espacios emblemáticos como el bar Convergencia, donde semanalmente se reunían seguidores del reggae. 

Esa influencia también se refleja en la música urbana colombiana. En La Villa, el cantante Ryan Castro retoma sonoridades caribeñas para construir una narrativa ligada a la fiesta, la calle y la identidad popular. La canción, que mezcla reguetón con ritmos afrocaribeños, ha sido reconocida por acercar esos sonidos a nuevas audiencias y evidencia cómo artistas nacionales incorporan elementos del dancehall y el afrobeat en la escena comercial actual.

El silenciamiento desde la academia

El ingeniero de sonido Juan Sebastián Escobar Ochoa, tras investigar “Arrullos y Currulao”. Conformó “Lulo Trío” para reelaborar músicas afro. Él critica al sistema educativo por invisibilizar estos ritmos al fomentar la repetición sin cuestionar.

Daniela Arteaga, del grupo bullerenguero de Medellín, coincide en que la educación no expone estos ritmos. Además, espacios como la Casa Cultural La Chispa carecen de apoyo para preservar la identidad cultural medellinense que prefiere el silencio en las noches.  

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La música afro en Medellín se ha consolidado como una expresión cultural que visibiliza raíces e identidades históricamente marginadas, fortaleciendo la diversidad de la ciudad y escena musical. Sin embargo, pese a su presencia en la vida urbana, persiste un desconocimiento sobre su origen y significado, lo que evidencia la necesidad de procesos educativos y de memoria que reconozcan plenamente el legado afrodescendiente y su verdadero aporte.

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