Entre la memoria y el consumo: ¿Qué eligen habitantes y turistas en los museos de la ciudad?

Entre la memoria y el consumo: ¿Qué eligen habitantes y turistas en los museos de la ciudad?

El auge del turismo y el crecimiento de la oferta cultural en la ciudad evidencian las preferencias de consumo cultural. Entre el desinterés de las nuevas generaciones y la fascinación por el pasado oscuro de Medellín, los museos locales se enfrentan al reto de captar audiencias sin reducir la historia al contenido efímero de series de televisión.

Por: Sara Céspedes Galeano, Valentina David Villa, Daniela Herrera Mejía, Luna Sánchez Montoya.

Collage fotográfico por Valentina David Villa. (Imágenes extraídas de la web)

Más allá de las fiestas, la música y la gastronomía, Medellín es una ciudad que guarda historia y memoria en cada una de sus calles. No solo se recorre con los ojos: también se interpreta y se recuerda desde los espacios que deciden qué pasado contar y desde qué mirada hacerlo.

En los últimos años, el interés por los museos ha empezado a cambiar, especialmente entre jóvenes y turistas que buscan experiencias culturales “diferentes”. 

Ese interés ya no se limita a los espacios tradicionales de memoria histórica. También se desplaza hacia narrativas atravesadas por la violencia y el narcotráfico. Estos temas siguen teniendo un peso importante en la forma en que Medellín es vista dentro y fuera del país.

De acuerdo con la última Encuesta de Consumo Cultural del DANE realizada en 2020, los museos han sido históricamente espacios de baja frecuentación para gran parte de la población colombiana, lo que deja varias preguntas: ¿quiénes los visitan?, ¿qué buscan? y ¿qué tipo de experiencia cultural están consumiendo realmente? 

Cómo ha cambiado el consumo cultural

Sin embargo, este panorama ha empezado a transformarse en Medellín; un informe más reciente, de Medellín Cómo Vamos reveló que la asistencia a eventos y espacios culturales durante 2025 aumentó un 77% respecto a años anteriores.

Datos tomados del informe de Cultura Cómo Vamos en Medellín y Antioquia, 2025. Edición por: Valentina David Villa

En ciudades como Medellín, estas preguntas toman más fuerza. El consumo cultural ya no se trata solo de visitar un lugar patrimonial para conocer la historia, sino también de elegir experiencias que conectan con distintas formas de narrar la ciudad. 

Esto se refleja en la manera en que jóvenes y turistas se acercan a los espacios culturales. Algunos buscan reflexionar sobre el conflicto armado y las heridas sociales que marcaron a Medellín. Otros se sienten atraídos por narrativas relacionadas con el narcotráfico y la violencia urbana, temas que siguen condicionando la imagen internacional de la ciudad.

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Las dos caras de la moneda: entre la memoria y la narcocultura 

Esa forma de acercarse a la historia también se refleja en los espacios culturales que hoy atraen visitantes. Bajo esta premisa, desde Sextante se analizaron dos escenarios opuestos: el Museo Casa de la Memoria y el Museo de Pablo Escobar, ubicado en El Poblado.

Mauricio García, comunicador con énfasis en relaciones corporativas y gestor de mediaciones pedagógicas del Museo Casa de la Memoria, explicó en entrevista para este medio, que los llamados “museos biográficos” construyen imaginarios alrededor de ciertas figuras: “Muchas veces se convierten casi que en una religión o un culto”. Para él, el problema no es solo el personaje, sino la forma en que la sociedad consume esas narrativas. 

“Nosotros celebramos más los logros negativos”, afirmó, cuestionando por qué figuras asociadas a la violencia logran mayor reconocimiento internacional que deportistas, científicos o artistas colombianos.

Desde el Museo Casa de la Memoria, el enfoque es distinto: construir reflexión alrededor de las víctimas y de las consecuencias humanas de la violencia. Mauricio insiste en que el verdadero reto hoy no es atraer visitantes, sino lograr que el mensaje permanezca en medio de una generación acostumbrada a consumir contenido rápido y efímero.

Foto por Valentina David Villa

Ese desinterés también se percibe en los jóvenes de Medellín. Gisselle Herrera, docente de ciencias sociales, asegura que muchos estudiantes ven los museos como espacios “aburridos” y alejados de su realidad. 

“Para ellos supone una lucha contra el aburrimiento”, explica. Sin embargo, señala que el problema no es la historia en sí, sino la forma en que se enseña y se conecta con ellos.

Jóvenes y memoria en los museos de Medellín

Durante una visita pedagógica al Museo de Antioquia, Herrera propuso a sus estudiantes recorrer el centro sin audífonos y observar detenidamente lo que pasaba a su alrededor.

Según la docente, está experiencia transformó su percepción: comenzaron a notar realidades sociales que normalmente ignoraban. Para ella, acercar a los jóvenes a la memoria es fundamental para desarrollar sentido crítico y comprender el presente desde la historia.

¿Qué dicen los visitantes? Curiosidad vs. Reflexión

Las percepciones de los visitantes también muestran las diferencias entre ambos espacios. Anderson, turista bogotano que visitó el Museo Casa de la Memoria, afirmó que el recorrido le permitió entender paso a paso la historia de la violencia en Medellín y reflexionar sobre el derecho a la vida y la necesidad de no repetir esos hechos. 

Geraldine, también visitante de Bogotá, destacó que el museo ayuda a romper la idea de que Medellín solo puede entenderse desde la narcocultura y Pablo Escobar.

Incluso para los extranjeros, la violencia sigue siendo una de las primeras asociaciones sobre la ciudad. Zoe, visitante suiza de 20 años, reconoció que al pensar en Medellín aparecen referentes como Karol G y una imagen más cultural y turística, aunque todavía relaciona la ciudad con polémicos personajes como Pablo Escobar.

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En contraste, el museo de Pablo Escobar atrae visitantes motivados principalmente por la curiosidad. Bryce, turista estadounidense proveniente de Texas, aseguró que el recorrido le permitió “aprender mucha historia” sobre el narcotraficante y consideró que muchos jóvenes deberían visitarlo para conocer esa parte de la cultura colombiana.

Por su parte, Yuli, visitante bogotana del museo, reconoció que el espacio responde más a una curiosidad construida desde redes sociales, series y medios de comunicación que a un verdadero ejercicio de memoria.

Aunque considera que Medellín es mucho más que narcotráfico, también cree que este tipo de lugares pueden generar mensajes contradictorios si no muestran con suficiente profundidad las consecuencias de la violencia.

El reto: identidad más allá del morbo

En medio del desinterés de nuevas generaciones y turistas, surge una pregunta: ¿qué tipo de consumo cultural buscan hoy los públicos? ¿Cómo influye la memoria en la forma de entender la ciudad?

Mauricio García advierte que la ciudad está perdiendo parte de su sentido de pertenencia y que muchos jóvenes desconocen incluso sus espacios culturales más importantes.

En el marco del Día Internacional de los Museos, celebrado el pasado 18 de mayo, Medellín impulsó iniciativas como el Pasaporte de Museos. La estrategia invita a recorrer cerca de 30 espacios culturales de la ciudad y busca acercar nuevos públicos a la historia, el arte y la memoria.

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Más allá de aumentar cifras de visitantes, el reto parece estar en algo más complejo: lograr que las personas entiendan que los museos no solo conservan objetos o recuerdos, sino también preguntas sobre quiénes somos como ciudad.

En una Medellín que todavía debate entre la memoria y la narcocultura, visitar un museo también es una forma de decidir qué historias queremos seguir contando.

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En el siguiente mapa interactivo podrá conocer algunos de los museos que hacen parte de la oferta cultural de Medellín. Al dar clic sobre cada uno de los sellos, accederá a información sobre estos espacios y su importancia dentro de la ciudad.

Ilustración generada con IA. Edición por Valentina David Villa.

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