Las mujeres en la política colombiana avanzan en medio de estigmas y desafíos
Por: Isabella Lopera Múnera y Elisa Rendón Hernández
Las elecciones legislativas coinciden este año con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, una fecha que invita a reflexionar sobre cuánto ha avanzado Colombia en materia de participación femenina en la política y cuánto falta por recorrer. Cada vez más mujeres llegan al Congreso, pero su camino sigue marcado por desigualdades y estigmas que el sistema político aún no ha logrado superar.
En este contexto, el proyecto Voces con Poder, liderado por ONU Mujeres y con el apoyo de la Embajada Británica en Colombia, ha desarrollado sesiones de formación sobre procesos electorales, rendición de cuentas y normatividad vigente, incluida la Ley 2453 de 2025, que busca prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en la vida política.Más allá del componente técnico, estos espacios promueven narrativas que fortalecen el liderazgo político de las mujeres y lo reconocen como un pilar fundamental de la democracia.
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La estigmatización de las mujeres en la política no es un fenómeno reciente. En Colombia, uno de los antecedentes más representativos es el de María Cano, líder social de la década de 1920 que, por defender los derechos de los trabajadores, se convirtió en una figura influyente, pero también en blanco de críticas y cuestionamientos.
Desde los territorios, Estefanía Herrera Marín, ex candidata al Concejo y activista feminista en San Pedro de los Milagros, señala que estos estigmas constituyen una forma de violencia simbólica, pues cuestionan la postura de las mujeres y limitan su participación y reconocimiento en la política.

Décadas después, estas dinámicas siguen presentes. La representante Katherine Miranda ha denunciado ataques y amenazas en redes sociales tras asumir posturas críticas en el debate político, evidenciando cómo muchas mujeres que alzan la voz se convierten en blanco de descalificaciones y matoneo digital.
Una situación similar ocurrió con la precandidata presidencial Paloma Valencia, quien recientemente fue objeto de burlas y caricaturas en redes sociales, un episodio que reabrió el debate sobre los límites entre la crítica política y la violencia simbólica contra las mujeres.
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En esa misma línea, la representante Jennifer Pedraza ha señalado que cuando una mujer adopta una postura firme en la política suele ser catalogada como conflictiva, especialmente en espacios históricamente masculinizados.
De manera similar, la representante Catherine Juvinao también ha denunciado ataques y descalificaciones en redes sociales, donde incluso ha recibido insultos y acusaciones sin pruebas que buscan desacreditar su trabajo político.
Otro caso reciente es el de la representante Lina María Garrido, quien fue objeto de descalificaciones públicas en medio de una confrontación política con el ministro del Interior, Armando Benedetti.
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La participación política de las mujeres en Colombia no es solo una cuestión de cifras, sino también de transformación cultural. Mientras persistan, el desafío seguirá siendo construir espacios donde las mujeres no solo ocupen cargos, sino que ejerzan liderazgo en condiciones de igualdad real.